Francisco Javier Formigo Couceiro, Nestor Javier Sánchez Sánchez, María José Fernández-Domínguez
{"title":"Manifestaciones clínicas y necesidades en cada etapa. Estrategias de cuidados y manejo práctico en las diferentes fases","authors":"Francisco Javier Formigo Couceiro, Nestor Javier Sánchez Sánchez, María José Fernández-Domínguez","doi":"10.1016/j.fmc.2026.08.002","DOIUrl":null,"url":null,"abstract":"<div><div><ul><li><span>•</span><span><div>La demencia debe entenderse como un continuo clínico, aunque en la práctica resulta útil organizarla en fases: leve, moderada y avanzada. Cada fase implica necesidades clínicas, funcionales, sociales y éticas diferentes.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>En todas las fases, la unidad real de atención es el binomio paciente-cuidador. La evolución del paciente depende en gran medida de la capacidad, salud, formación y apoyo del cuidador principal, ya sea este formal o informal.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>La atención primaria ocupa una posición central en el seguimiento longitudinal de la demencia: permite detectar cambios clínicos, revisar tratamientos, anticipar complicaciones, coordinar recursos y acompañar a la familia durante todo el proceso.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>En la demencia leve, el objetivo principal es confirmar el diagnóstico, descartar causas reversibles, iniciar el plan terapéutico, revisar la medicación y promover hábitos saludables. Es el momento fundamental para comenzar la planificación anticipada, ya que el paciente aún suele conservar capacidad para participar activamente.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>Las medidas no farmacológicas son el pilar del tratamiento desde fases iniciales, entre otras: estimulación cognitiva grupal, ejercicio físico adaptado, terapia ocupacional, rutinas estructuradas, adaptación del entorno, intervención sobre comorbilidades y apoyo psicoeducativo al cuidador.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>En la demencia moderada, aumentan la dependencia funcional, los síntomas psicológicos y conductuales, las caídas, los trastornos del sueño, la desnutrición y la sobrecarga del cuidador.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>El manejo de los síntomas psicológicos y conductuales debe comenzar siempre por una evaluación de posibles desencadenantes: dolor, infección, estreñimiento, cambios de entorno, fármacos, sueño insuficiente, miedo, soledad o necesidades no expresadas. La agitación tiende a ser una forma de comunicación.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>Ante síntomas conductuales, el primer tratamiento debe ser no farmacológico: comunicación calmada, no confrontación, rutinas, redirección, adaptación ambiental, actividad significativa, musicoterapia, reminiscencia y formación del cuidador.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>Los antipsicóticos solo deben utilizarse cuando exista agitación, agresividad o psicosis grave, con riesgo para el paciente o terceros, tras fracaso de medidas no farmacológicas, a la menor dosis eficaz y durante el menor tiempo posible.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>En todas las fases debe revisarse periódicamente la medicación, evitando fármacos que puedan empeorar la cognición, aumentar las caídas o favorecer el delirio: especialmente anticolinérgicos, benzodiacepinas, opioides, antipsicóticos y tratamientos sin beneficio actual.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>En la demencia avanzada, el objetivo terapéutico se centra en aliviar síntomas, evitar sufrimiento, prevenir complicaciones evitables y acompañar a la familia.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>La disfagia, la pérdida de peso, las infecciones recurrentes, las úlceras por presión, la inmovilidad y la pérdida de comunicación son problemas de gran magnitud y severidad en fases avanzadas.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>El final de vida en demencia debe abordarse como una situación clínica terminal, con planificación anticipada, limitación proporcionada del esfuerzo terapéutico, control de síntomas y apoyo a la familia, priorizando el confort en todo el proceso.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>La atención primaria tiene una posición privilegiada para detectar situaciones de soledad, fragilidad social, sobrecarga del cuidador y riesgo de maltrato, activando precozmente recursos sociosanitarios.</div></span></li><li><span>•</span><span><div>Una buena atención a la demencia depende sobre todo de la continuidad asistencial, la anticipación de problemas, el acompañamiento al cuidador y la aplicación sistemática de medidas no farmacológicas.</div></span></li></ul></div></div>","PeriodicalId":53406,"journal":{"name":"FMC Formacion Medica Continuada en Atencion Primaria","volume":"33 7","pages":"Pages 22-52"},"PeriodicalIF":0.0000,"publicationDate":"2026-08-01","publicationTypes":"Journal Article","fieldsOfStudy":null,"isOpenAccess":false,"openAccessPdf":"","citationCount":"0","resultStr":null,"platform":"Semanticscholar","paperid":null,"PeriodicalName":"FMC Formacion Medica Continuada en Atencion Primaria","FirstCategoryId":"1085","ListUrlMain":"https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1134207226001945","RegionNum":0,"RegionCategory":null,"ArticlePicture":[],"TitleCN":null,"AbstractTextCN":null,"PMCID":null,"EPubDate":"2026/9/5 0:00:00","PubModel":"Epub","JCR":"Q4","JCRName":"Medicine","Score":null,"Total":0}
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Abstract
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La demencia debe entenderse como un continuo clínico, aunque en la práctica resulta útil organizarla en fases: leve, moderada y avanzada. Cada fase implica necesidades clínicas, funcionales, sociales y éticas diferentes.
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En todas las fases, la unidad real de atención es el binomio paciente-cuidador. La evolución del paciente depende en gran medida de la capacidad, salud, formación y apoyo del cuidador principal, ya sea este formal o informal.
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La atención primaria ocupa una posición central en el seguimiento longitudinal de la demencia: permite detectar cambios clínicos, revisar tratamientos, anticipar complicaciones, coordinar recursos y acompañar a la familia durante todo el proceso.
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En la demencia leve, el objetivo principal es confirmar el diagnóstico, descartar causas reversibles, iniciar el plan terapéutico, revisar la medicación y promover hábitos saludables. Es el momento fundamental para comenzar la planificación anticipada, ya que el paciente aún suele conservar capacidad para participar activamente.
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Las medidas no farmacológicas son el pilar del tratamiento desde fases iniciales, entre otras: estimulación cognitiva grupal, ejercicio físico adaptado, terapia ocupacional, rutinas estructuradas, adaptación del entorno, intervención sobre comorbilidades y apoyo psicoeducativo al cuidador.
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En la demencia moderada, aumentan la dependencia funcional, los síntomas psicológicos y conductuales, las caídas, los trastornos del sueño, la desnutrición y la sobrecarga del cuidador.
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El manejo de los síntomas psicológicos y conductuales debe comenzar siempre por una evaluación de posibles desencadenantes: dolor, infección, estreñimiento, cambios de entorno, fármacos, sueño insuficiente, miedo, soledad o necesidades no expresadas. La agitación tiende a ser una forma de comunicación.
•
Ante síntomas conductuales, el primer tratamiento debe ser no farmacológico: comunicación calmada, no confrontación, rutinas, redirección, adaptación ambiental, actividad significativa, musicoterapia, reminiscencia y formación del cuidador.
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Los antipsicóticos solo deben utilizarse cuando exista agitación, agresividad o psicosis grave, con riesgo para el paciente o terceros, tras fracaso de medidas no farmacológicas, a la menor dosis eficaz y durante el menor tiempo posible.
•
En todas las fases debe revisarse periódicamente la medicación, evitando fármacos que puedan empeorar la cognición, aumentar las caídas o favorecer el delirio: especialmente anticolinérgicos, benzodiacepinas, opioides, antipsicóticos y tratamientos sin beneficio actual.
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En la demencia avanzada, el objetivo terapéutico se centra en aliviar síntomas, evitar sufrimiento, prevenir complicaciones evitables y acompañar a la familia.
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La disfagia, la pérdida de peso, las infecciones recurrentes, las úlceras por presión, la inmovilidad y la pérdida de comunicación son problemas de gran magnitud y severidad en fases avanzadas.
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El final de vida en demencia debe abordarse como una situación clínica terminal, con planificación anticipada, limitación proporcionada del esfuerzo terapéutico, control de síntomas y apoyo a la familia, priorizando el confort en todo el proceso.
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La atención primaria tiene una posición privilegiada para detectar situaciones de soledad, fragilidad social, sobrecarga del cuidador y riesgo de maltrato, activando precozmente recursos sociosanitarios.
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Una buena atención a la demencia depende sobre todo de la continuidad asistencial, la anticipación de problemas, el acompañamiento al cuidador y la aplicación sistemática de medidas no farmacológicas.
期刊介绍:
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