Allan Ching Chacón, Donald Ruiz Xiao, Boris Fernández Barrantes
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Abstract
El cáncer de vesícula biliar es el más frecuente de las vías biliares en todo el mundo, con una mayor predisposición por el sexo femenino. La incidencia varía según la localización geográfica, siendo la región de los Andes, encabezada por Bolivia y Chile, donde se han observado las tasas más altas. Usualmente, se diagnostica de forma incidental cuando se analiza la pieza quirúrgica en etapas tempranas, o por su clínica en estadios más avanzados. Síntomas como la ictericia, dolor en hipocondrio derecho y pérdida de peso podrían orientar hacia su diagnóstico. Los síntomas suelen ser inespecíficos y por su localización anatómica no causa sospecha clínica en etapas tempranas. Es una neoplasia con alta mortalidad por su diagnóstico tardío. Aproximadamente un 30% de los pacientes con lesiones confinadas en la pared de la vesícula biliar solo van a sobrevivir en un 10% durante 5 años. La etiología es multifactorial y va a depender de la predisposición del paciente y de factores de riesgo asociados. Factores de riesgo como la colelitiasis y los pólipos son los más estudiados, y los que se han vinculado con mayor frecuencia al cáncer de vesícula biliar; sin embargo, también se ha vinculado con la vesícula en porcelana, colangitis esclerosante primaria, infecciones crónicas del tracto gastrointestinal principalmente salmonella y el helicobacter, quistes biliares congénitos, unión anormal del conducto pancreatobiliar y aberraciones en genes reparadores de ADN específicos. Como muchos tipos de cáncer su estadificación sigue la clasificación TNM. El tratamiento va a depender de la estadificación. La intervención quirúrgica es el elemento fundamental principalmente en estadios tempranos ya sea I o II. El tratamiento complementario no ha resultado eficaz.